Cinofilia-Sud
   

* * LOS PERROS SABIOS * *

por Matilde Méndez Chavarria
El perro superdotado, el que despierta la atención del profesional para educarle. El perro que se empina para llegar al hombre, sin conseguirlo jamás. Hay una gran emoción en este hecho y hay también en el una gran belleza. Pero sin faltarle una buena dosis de ternura.

Al hablar de perros sabios no nos referimos a todos los que destacan de la generalidad, sino a aquellos solamente que fueron elegidos por sus educadores para poner de manifiesto su excepcional disposición. ...........

Lo que más conmueve, sin duda, es el esfuerzo del irracional para asemejarse al hombre, y aquí está basado el buen éxito del experimento.

Los casos de perros excepcionalmente dotados para presentarse ante el público con la maestría de verdaderos actores, son frecuentes desde la más lejana antigüedad. Grecia y Roma tuvieron sus perros saltarines. Plutarco nos refiere las gracias de “Zopicus”, que bajo el reinado de Vespasiano recogía innumerables aplausos representando sus pantomimas de difícil ejecución, ante el pueblo romano. Su papel le exigía ladrar y aullar. De este modo entablaba una especie de diálogo según las exigencias del mimo.
Apuleyo nos habla de unos perros cantores que ejecutaban maravillosas inflexiones sonoras.

El primer tratadista de adiestramiento canino fue San Alberto Magno. A él debemos un estudio lleno de curiosas observaciones, de donde se deducen las normas a seguir para la educación del perro.
Crawey, en el año 1705, presentaba en Londres su original espectáculo: “El baile de los perros enanos”. Con ello quedó en la historia como el creador de esta clase de exhibiciones que pasaron a ser después el número obligado de todas las veladas circenses. Las crónicas de la época de Crawey ensalzaban con gran entusiasmo los hábiles juegos del pequeño gran actor canino “marqués de Guillerdain” y de la perrita “Poncette”, su amiga, que seguía correctamente las cadencias y los ritmos musicales. El arte de estos bailarines era tan asombroso que la reina Ana, sabedora de sus gracias, quiso verlos trabajar en el palacio. Poco tiempo después, en la escena inglesa aparecía un grupo de pequeños sentados alrededor de una mesita, y un caniche les servía comida con el rigor y compostura de un auténtico camarero.

El perro superdotado, el que despierta la atención del profesional para educarle. El perro que se empina para llegar al hombre, sin conseguirlo jamás. Hay una gran emoción en este hecho y hay también en el una gran belleza. Pero sin faltarle una buena dosis de ternura.

Al hablar de perros sabios no nos referimos a todos los que destacan de la generalidad, sino a aquellos solamente que fueron elegidos por sus educadores para poner de manifiesto su excepcional disposición. ...........

Mas adelante Mattew y Dawenport, dos actores de gran imaginación, introdujeron en el Hamlet la participación de una jauría de perros amaestrados que se lanzaban sobre el rey, arrancando del público enormes aplausos.
En el drama de Dumas “Los cosacos”, un perro de pastor desempeñó durante mucho tiempo el papel que le había adjudicado el autor pensando en un hombre disfrazado de can.
Emma Gramática encarnaba el primer personaje de “Pegg de mi corazón”, con un “Michele” que participaba muy eficazmente en el espectáculo.

A mediados del siglo pasado (XIX), formaba parte de la compañía del Circo Olímpico de París un perro de los Pirineos, llamado “Emilio”, era tal vez el mejor de los actores que parecían en escena, cuando su dueño era agarrotado por el que en la obra hacía de tirano, “Emilio”, atado cerca de aquel, rompía su collar para socorrer al amo y liberarlo. Después cuando el carcelero entraba en escena de nuevo, metía la cabeza dentro del collar para evitar que recayesen sospechas sobre él. Al final saludaba al público.

El mas renombrado de los perros sabios fue “Munito”, de quien nos cuenta Tarade, en su Tratado de la educación del perro, que jugaba al dominó gracias a un ingenioso truco de su amaestrador, un italiano que le indicaba lo que debía hacer mediante un imperceptible chasquido de uñas. Cuando el truco fue conocido, los domadores científicos, entre otros, Brehm, en su Historia del hombre y de los animales, protestaron de esta clase de juegos que solo podían considerarse como simples derivaciones de ilusionismo circense y sostuvieron que la capacidad de los perros podían llegar a resultados mas sorprendentes sin recurrir a estas artes fambulescas.

Jonatan Franklin afirma que un naturalista distinguido jugó una partida de dominó con un perro, educado por su propietario sin ninguna aspiración mercantíl, los jugadores se situaron uno frente al otro, el perro, que poseía el doble nueve, lo cogió con la boca y lo depositó sobre la mesa,los dos jugadores colocaron sus fichas en perfecta correlación, el naturalista, para probar la capacidad de su rival colocó una ficha incorrectamente, el perro sorprendido, protestó con un movimiento de impaciencia y viendo que su compañero no corregía la puesta, retiró con el hocico la puesta y colocó en su lugar la correspondiente a la jugada, el naturalista obligado a seguir sin falsear sus posiciones perdió la partida.

El doctor Benatti presentó en París, a fines del siglo XIX, un perro que acompañado por un instrumento musical, entonaba la gama diatónica.
Un caso de perro parlante fue exhibido por un tal Duperrier en esta misma época, se llamaba “Don” y pertenecía a un guardabosques del dominio real de Teerbulte, llamado Ebers. Este funcionario al sorprenderle un día emitiendo sonidos parecidos a la voz humana, se dedicó a perfeccionar en él estas facultades innatas. Durante largas jornadas le daba sesiones con repetición fatigosa de sonidos y, al cabo de dos años el perro pronunciaba una treintena de palabras, respondía con bastante seguridad a las preguntas de su amo y articulaba casi todas las letras del alfabeto. Una comisión de sabios del Instituto Psicológico de Berlín estudió detenidamente este fenómeno dictaminando que era un caso de doma verdaderamente extraordinario, pues el animal contestaba algunas preguntas con oportunidad. Se tomaron discos de las respuestas de “Don” y se proclamó que estas no implicaban la existencia de un raciocinio mas o menos complejo, sino la posesión de una sensibilidad exquisita y de un sentido de la deducción que es propio de todos los perros en el ejercicio de sus funciones peculiares.
Los hermanos Bertrand, de París, eran propietarios de un perrito locuaz parecido a “Don”, pues llegó a pronunciar cincuenta palabras se llamaba “Papillón”, y al terminar las exhibiciones se despedía de sus admiradores diciendo con cómica seriedad: “Adiós señores.”

Mayor fama y curiosidad despertó el perro “Rolf”, denominado “El can razonante de Mannheim”, era un terrier perteneciente a Paula Moekel, de dicha localidad. Pasó una larga temporada en el asilo de perros perdidos, y como nadie se presentara a recogerlo, la señora Moekel lo albergó en su casa alegando que le habían impresionado hondamente sus bellísimos ojos. Creció junto a sus hijos sin que se le prestase gran atención. Un día del mes de diciembre, en 1911, “Rolf” se hallaba presente cuando la niña de la casa sufría una severa amonestación por no saber resolver una suma facilísima: 122 + 2, “mira los ojos de Rolf –dijo la madre- parece comprender mejor que tu”. El perrito entonces se acercó a su ama, “vamos a ver Rolf, ¿tu sabes cuantas son dos y dos?”, el perro con la patita derecha tocó el brazo de la señora: “cuatro”, “¿y cinco y cinco?, continuó entusiasmada, de nuevo dio Rolf la solución exacta, todos quedaron estupefactos. A partir de entonces la señora Moekel se dedicó a educar a su perro y aseguraba Mackenzie en su libro, El perro razonante de Mannheim, que llegó a extraer raíces cuadradas. Las facultades excepcionales de Rolf, al que Mackenzie reconoce, incluso, rasgos de indudable humorismo, hicieron creer que sus descendientes llegarían a metas mas lejanas. Tan solo dos de ellos, “Lola” e “Ilsa” se distinguieron. Esta última fue confiada a un sacerdote, que después la devolvió a la señora Moekel, su ama vio que la perra estaba triste, “¿estas de mal humor?”, le preguntó, y ella contestó golpeando con su patita: “si”, “¿por qué?” replicó el ama, la perra golpeó hasta terminar la palabra “cama”, después se supo que “Ilsa” dormía en la cama del sacerdote y la señora Moekel la acostaba detrás de una estufa sobre el suelo.
La hermana de “Ilsa”, conocida con el nombre de “Lola”, nació en Mannheim el 27 de enero de 1914 y continuó la buena tradición del padre. Se le dio enseñanza por medio de un alfabeto tipológico, en el que tenían expresión los números y las vocales. Las unidades las señalaba el can con la mano derecha y las decenas con la izquierda, la rapidez con que el animal resolvía los problemas que se le presentaban producía asombro. Después se educó en la articulación de sonidos musicales, siendo de notar el poderoso desarrollo de su olfato que le permitía distinguir a las personas con seguridad absoluta.


“Fellow, perro americano, perteneciente a Jacobo Herbert, de Detroit, fue examinado en la Universidad de Colombia por el profesor Warden, ante setenta y cinco espectadores, sin hallarse presente su dueño durante una hora, sostuvo “Fellow” el peso de numerosas preguntas, demostrando conocer perfectamente el significado de cada una de ellas. El profesor Warden, después de examinar el extraordinario caso, declaró que “era indudable que “Fellow” había logrado comprender y asociar determinados sonidos, mas bien que palabras en su verdadero alcance, por medio de objetos, o de órdenes dadas al animal”. De todos modos es un record el de este perro que llegó a conocer el significado de unas cuatrocientas frases.

Muchas Gracias Matilde por este "sabio" aporte !!!!!

Extractado del libro “El perro, ese amigo desconocido” de Eduardo Aunós, Editorial Edisa, Madrid, 1954.